Bonk! Bonk! Bonk!

– Eh! -vociferó Chony al tiempo que golpeaba repetidamente con la cachiporra sobre la barra del bar.
¡BONK! ¡BONK! ¡BONK!
– ¿No atiende nadie esta tasca de @&w//#Xz? ¡Tengo sed!
Hasta que, harto de ser ignorado, dio media vuelta y se dirigió a la puerta.
– ¡No pienso volver jamás a poner las pezuñas en este sitio! -gruñó indignado.
– Por lo que a mí respecta esa es una buena noticia -suspiró para sus adentros la castigada barra del local.

 

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